Los peligros del Poder ¿Mercado religioso o Reforma permanente?
En los últimos años, las iglesias evangélicas han experimentado un significativo y relativamente rápido crecimiento, mientras que la iglesia católica, al contrario, no sólo se ha estancado sino también ha sufrido “fugas” de feligreses.
Ante esta realidad, salvadoreña e internacional, los cristianos evangélicos generalmente asumimos una de dos actitudes: la indeferencia o el triunfalismo. Nos tiene sin cuidado lo que suceda en las iglesias de otras denominaciones, sin advertir que son hijos de Dios quienes las conforman y que también por ellos debemos velar todos los creyentes; o bien, proclamamos a los cuatro vientos nuestro “triunfo” sobre el catolicismo.
Pero, hay una tercera actitud que los cristianos podemos asumir, más acorde con los tiempos que vivimos, las necesidades actuales –espirituales y materiales–, y las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo. Esto tiene que ver con un permanente espíritu de reforma que debemos asumir para que cada día sean más y mejores las personas que acuden al llamado de nuestras instituciones.
En ese sentido, por lo aleccionador, quiero traer a colación una carta que el sacerdote jesuita Henri Boulad*, de Egipto, ha publicado en diversos medios de comunicación. Dirigida al Papa católico, Benedicto XVI, el autor se muestra alarmado ante la situación de su Iglesia y puntualmente, hace los siguientes señalamientos:
“1. La práctica religiosa está en constante declive.
2. Seminarios y noviciados se vacían al mismo ritmo, y las vocaciones caen en picado.
3. Muchos sacerdotes abandonan el sacerdocio y los pocos que lo ejercen aún -cuya edad media sobrepasa a menudo la de la jubilación.
4. El lenguaje de la Iglesia es obsoleto, anacrónico, aburrido, repetitivo, moralizante, totalmente inadaptado a nuestra época.
5. Esto no podrá hacerse más que mediante una renovación en profundidad de la teología y de la catequética.
6. En consecuencia, un gran número de cristianos se vuelven hacia las religiones de Asia.
7. En el plano moral y ético, los dictámenes del Magisterio, repetidos a la saciedad, sobre el matrimonio, la contracepción, el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, el matrimonio de los sacerdotes, los divorciados vueltos a casar, etcétera, no afectan ya a nadie y sólo producen dejadez e indiferencia.
8. La Iglesia católica, que ha sido la gran educadora de Europa durante siglos, parece olvidar que esta Europa ha llegado a la madurez.
9. Las naciones más católicas de antes -Francia, “primogénita de la Iglesia” o el Canadá francés ultracatólico- han dado un giro de 180º y han caído en el ateísmo, el anticlericalismo, el agnosticismo, la indiferencia.
10. El diálogo con las demás iglesias y religiones está en preocupante retroceso hoy.”
Ciertamente, son apreciaciones que tienen su base particularmente en la realidad asiática y europea, sin embargo muchos puntos de coincidencia hay, que hacen de esa preocupación una problemática universal. Pero, lo que es más relevante y ante lo que no podemos cerrar los ojos es a la posibilidad, (de hecho, en muchas denominaciones evangélicas ya es así) de que a nuestras iglesias les suceda lo mismo.
El acercamiento de las iglesias evangélicas hacia el poder terrenal, las pone en el peligro de convertirse en la nueva meretriz del poder político, y de repetir los errores de la Iglesia Católica, convirtiéndonos en un instrumento de los hombres y no de Dios.
En otras ocasiones, he sostenido que es necesario que las iglesias evangélicas asumamos el espíritu de la reforma; y que, respondiendo a los nuevos tiempos, seamos capaces de construir en nuestras iglesias un pensamiento profundamente enraizado en la práctica y enseñanzas de Jesucristo, que combine la unción con la atención de las necesidades de nuestros pueblos. Una iglesia de ojos atentamente abiertos, para que pueda interpretar los signos de los tiempos y actúe y predique en consecuencia.
Son interesantes, las 3 propuestas que el sacerdote Bouland, en la carta citada, hace a su jerarquía en el sentido de impulsar una reforma. Aunque, nuestra interpretación no es del todo coincidente con la visión del sacerdote egipcio, las cito, como puntos de reflexión que sería bueno para los cristianos evangélicos tomar en cuenta:
“1. Una reforma teológica y catequética
para repensar la fe y reformularla de modo coherente para nuestros contemporáneos. “Una fe que ya no significa nada, que no da sentido a la existencia, no es más que un adorno, una superestructura inútil que cae de sí misma. Es el caso actual.
“2. Una reforma pastoral para repensar de cabo a rabo las estructuras heredadas del pasado.
“3. Una reforma espiritual para revitalizar la mística y repensar los sacramentos con vistas a darles una dimensión existencial, a articularlos con la vida.
Tendría mucho que decir sobre esto. La Iglesia de hoy es demasiado formal, demasiado formalista. Se tiene la impresión de que la institución asfixia el carisma y que lo que finalmente cuenta es una estabilidad puramente exterior, una honestidad superficial, cierta fachada. ¿No corremos el riesgo de que un día Jesús nos trate de ‘sepulcros blanqueados?’”
Los verdaderos cristianos, tenemos mucho por hacer. La realidad del Reino de Dios, y la creación de una tierra y un cielo nuevos, pasa por reconocer nuestras carencias y superarlas a la luz de la inerrable Palabra de Nuestro Señor Jesucristo. No es para ser “sepulcros blanqueados” a lo que hemos sido llamados, sino para ser la sal, la salvación y superación de la tierra y de las criaturas que la habitan.
“Lo que hoy me preocupa muchísimo de mi país es que cuando veo el crecimiento de la iglesia y lo comparo con la situación de la nación y, más aún, cuando veo el tipo de contribución que la iglesia que crece tanto ha dado al país, mi corazón queda profundamente entristecido.Si continuáramos creciendo como estamos creciendo, vamos a ser la mayoría, pero mayoría en un país de miserables, mayoría en uno de los países mas violentos del mundo, mayoría en un país inseguro, mayoría en un país de corruptos, mayoría en un país de inmorales. Mayoría en un país vendido a la prostitución, mayoría que no logra ninguna diferencia, mayoría que no experimenta en sí misma ninguna diferencia.
“Me pregunto entonces, ¿Cuál es la iglesia que queremos desarrollar? ¿Cuál es la iglesia que necesita nuestra nación? ¿Cuál es la iglesia que puede darle esperanza a nuestra patria? ¿Cuál es la iglesia que puede ser poderosa y penetrante luz? ¿Con cuál iglesia soñó Jesús? “Si no reflexionamos sobre estas preguntas corremos el riesgo de poner el éxito numérico por encima de la fidelidad al evangelio y optar por modelos de iglesia que dejen mucho que desear desde la perspectiva del reino de Dios y su justicia. Nos aventuramos a ser la nueva meretriz del poder político; a rebajar el evangelio para satisfacer las demandas del mercado religioso; y a ser seducidos por el culto al poder, terminando así, absorbidos por el presente siglo. Convirtiéndonos en la nueva religión institucional de los salvadoreños, perdiendo nuestra capacidad y voluntad reformadora.”
Carlos H. Rivas. “La Reforma Protestante de cara al futuro., CoLatino, 5 de noviembre.