Desmontar la violencia. Reinvención y Acuerdo para una Nación en Paz
En el nada honroso “club” de los países más violentos de América Latina, está nuestro país, El Salvador. Y, por si fuera poco, padecemos también alarmantes índices de pobreza y falta de oportunidades de trabajo, inestabilidad laboral, corrupción, marginalización de los jóvenes, e incluso, urbanización desordenada.
El gobierno actual, entre aciertos y desaciertos, ha declarado su voluntad política para enfrentar la violencia que nos asola. Pero, esa voluntad deberá tomar en cuenta diversos factores que se encuentran asociados a la violencia y la inseguridad ciudadana en El Salvador. Factores sociales como la exclusión social, la desigualdad, la falta de oportunidades laborales y educativas; factores económicos e institucionales, además de los culturales y personales, como la violencia de género y la violencia intrafamiliar.
Desmontar la violencia, en todas sus manifestaciones, requiere de un cambio estructural, que desmonte también las formas de pensar heredadas y la visión que del problema tenemos los afectados.
1. Reinventar la sociedad salvadoreña
Manos duras, superduras, patrullajes, cateos, incorporación de las Fuerzas Armadas, aceptémoslo, no han resuelto el problema de la violencia… porque no atacan la raíz del problema. Por eso, la reinvención de la sociedad salvadoreña, tendría que romper con las estrategias y métodos con que se ha venido abordando la problemática.
Venimos de un pasado oscuro y triste, y por encomiable que sea querer mejorar ese pasado, no lo podremos lograr mientras sigamos viendo con los ojos de siempre la realidad.
Reinventar la sociedad es reinventarnos a nosotros mismos; es nuevos planes educativos que respondan a valores humanistas y cristianos, es llevar cultura a todos los rincones del país, y generar, a la vez, una nueva cultura… Es, en suma, un nuevo comienzo, un caminar conjunto de toda la sociedad.
2. Un nuevo acuerdo de Nación para tratar la violencia.
Reinventar nuestra sociedad es una tarea titánica que juntos podemos llevar a buen fin, a partir que se genere un amplio movimiento de rescate nacional enfocado concretamente al fenómeno de la violencia. Desde los Acuerdos de Paz, nunca como ahora fue tan evidente que la solución al problema de la violencia está en lograr un Nuevo Acuerdo de Nación, con base a un sincero, estructurado y plural dialogo Nacional, que analice y debata a profundidad, en base únicamente a los intereses de la patria, la crisis de violencia que vivimos, sus causas, sus efectos y sus posibilidades concretas de superación, buscando arribar a un marco de compromisos que se concrete en el enunciado de un conjunto de políticas básicas que deberán transformarse en imperativos categóricos para cualquier gobierno, independientemente de su color político y de su orientación ideológica.
Pero no se trata de “legitimar” el crimen organizado, el narcotráfico y la delincuencia común; al contrario, se trata de enfrentar la situación de violencia con la inclusión de aquellos sectores implicados en ella como resultado de la marginación a que han estado sometidos.
Este diálogo, debe tomar en cuenta aspectos institucionales, revisar y hacer eficientes las funciones de la PNC y la Fiscalía General de la República, FGR, entre otras instituciones, y a la vez debería abordar los aspectos culturales, educativos y económicos que inciden en la generación de la violencia. Para hacer efectivas ambas acciones, es importante articular tres condiciones por parte del Estado salvadoreño: voluntad política y social que asuma responsable y estratégicamente las demandas que impone la inseguridad ciudadana con la participación de los diversos actores; el desarrollo de una cultura del conocimiento que propicie la aprehensión de valores y saberes académicos y profesionales que permitan a la ciudadanía enfrentar en mejores condiciones la inseguridad y la violencia; y, un sistema estable, efectivamente diseñado que pueda, a partir de la realidad que vivimos y su evolución, adoptar e impulsar correctas estrategias de combate a todo tipo de violencia.
De esamanera podremos encontrar soluciones que vallan más allá de la persecución y represión del crimen y la delincuencia –que son, lo repito, sólo una de las caras de la violencia e inseguridad–, y que comprenden, entre otras: el fortalecimiento de instituciones nacionales de convivencia y seguridad ciudadana, el impulso de estrategias cooperativas al servicio de política local de seguridad, el acceso igualitario a la justicia, que el aparato de justicia aumente la proporción de casos resueltos, la revitalización y adecuación de los espacios públicos, la apuesta por un diseño urbano seguro y grato para el medioambiente, medidas de seguridad vial que prevengan los accidentes, la necesaria reducción de la circulación y uso de armas de fuego, políticas de educación y prevención del consumo de alcohol y drogas Los cristianos evangélicos somos parte fundamental, meritoria e ineludible de la solución al problema de la violencia. Por eso, en nuestros planes de proyección social, trascendiendo los límites trazados por las iglesias evangélicas tradicionales, contemplamos diversas acciones y proyectos de atención a las comunidades y su realidad y necesidades.
Desarrollamos, entre otros proyectos y acciones, le capacitación y formación de personas en desventaja social y acceso a la educación por medio de talleres de producción de micro empresas; asesoría administrativa y financiera para la creación de micro empresas; gestión de proyectos de desarrollo comunal para la construcción de vivienda mínima y gestión cooperativista; administración de un centro de rehabilitación para personas con adicciones; servicio de apoyo pastoral y psicológico a víctimas de violaciones, criminalidad o extorsiones; participación institucional en áreas de educación y políticas de combate a la delincuencia a través de comisiones especiales gubernamentales e interinstitucionales; apoyo a proyectos preventivos de la delincuencia por medio de iniciativas ciudadanas; fomento de la libertad de expresión a través de medios alternativos de comunicación colectiva.
En nuestras manos está la posibilidad de desmontar la situación de violencia que vivimos, y todo será, si no más fácil, menos difícil si son las manos de todos las que contribuyan a construir un edificio social nuevo, reinventado y concertado.