Reforma para el educacion de todos y todas
En el marco de una polémica mediática en relación con los planes del Ministerio de Educación, MINED, un nuevo año escolar ha comenzado. En el tráfago del cambio de gobierno (y de tendencia política en éste) se han escuchado voces de oposición a la reforma educativa que las nuevas autoridades proponen impulsar.
Haciendo eco de intereses políticos e ideológicos, los medios de comunicación han recogido declaraciones en contra de la reforma educativa, bajo el argumento principal de que se pretende reproducir en nuestro país experiencias comunistas (y se cita a Cuba y Venezuela) y modelos foráneos, ajenos a nuestra realidad social y cultural. Se obvia el esfuerzo del MINED por construir su propia propuesta, a partir, por supuesto, de las
experiencias similares más exitosas.
Una cosa es cierta, sin embargo. Nuestro país necesita una reforma educativa, pues los desaciertos de las políticas en esta área de las anteriores administraciones públicas, se reflejan en la agobiante realidad que vivimos.
Los altos índices de violencia, los embarazos precoces, la desintegración familiar, la drogadicción, la deserción escolar, son algunos fenómenos que nuestra sociedad está padeciendo como producto, en gran medida y en conjunto con otros factores, de la educación que nuestros niños y jóvenes reciben.
Educar a nuestros hijos e hijas, a partir de una concepción bancaria de la educación, carente de valores y rebosante de consumismo, como un privilegio, además, al que los sectores más empobrecidos del país no pueden acceder, es atentar contra el futuro de El Salvador.
En ese sentido, considero legitima, y necesaria, la aspiración de crear una nueva escuela, en donde la formación académica se combine con una formación vital, en relación con el mundo que nos rodea y a la altura de los nuevos tiempos. Que enseñe a niños y jóvenes valores humanos –y cristianos sostenemos los evangélicos–, que le ayuden a enfrentar mejor preparados los factores negativos de la sociedad y a procesar la realidad de manera objetiva.
El Plan Nacional de Desarrollo Educativo 2009-2014 “Vamos a la Escuela”, debería valorarse en su justa dimensión, partiendo de sus componentes filosóficos y estructurales.
Porque lo que en él se plantea, acaso aún insuficiente y en todo caso perfectible, nos acerca al modelo de educación original y adecuado a nuestra realidad; un modelo cuya currícula nacional esté signada por tres ejes fundamentales: desarrollo de la ciencia y tecnología, promoción del arte y la cultura, y, desarrollo de la recreación y el deporte.
De igual manera, coincidimos con las voces que consideran fundamental para una reforma educativa de alcance histórico el rediseño de la manera de educar, enseñar y formar a nuestros hijos; y de rediseñar, sobre todo, el aula de estudio.
Trascendiendo, como lo contempla el Plan Nacional de Desarrollo Educativo 2009-2014
del Ministerio de Educación, de las “materias” a las “disciplinas”, del “maestro” al “grupo docente”, del “contexto de la clase” al “contexto de la vida”, de la “lección” a la investigación”, del “libro de texto” a la “biblioteca de trabajo”, de la “pedagogía del manual” a la “pedagogía alternativa” y del “aula aislada” al “aula integrada”.
Por supuesto, la realidad de este intento, sus frutos, dependen del papel que juguemos todos, los padres de familias como interesados en la educación de nuestros hijos, estos como sujetos de la educación, los maestros, las autoridades del ministerio público, las comunidades, la sociedad en su conjunto; es la educación de nuestros hijos la que está en juego, de los hijos de todos y cada uno de los salvadoreños sin distinción.