January 18th 2010 in Justicia Social, Política, Varios
Consideramos reforzar cuatro elementos importantes para la misión de la iglesia hoy.
1. Una iglesia unida
La iglesia evangélica ha crecido en Latinoamérica, y las estadísticas arrojan cada vez mejores números.
No obstante, también es cierto que es la iglesia más dividida, aun cuando nadie le dio más
importancia a la unidad, que Cristo mismo (Juan 17.21). Esto pone en evidencia la importancia de
la unidad, pero la división de la Iglesia, ha sido utilizada por Satanás, para que el mundo no vea a
Cristo en nosotros. Pablo Deiros, dice lo siguiente en cuanto a la urgente unidad de la Iglesia: ‘La
iglesia no puede darse el pecaminoso lujo de presentarse atomizada y dividida. Debemos marchar
como pueblo de Dios, respetando cada uno las convicciones e identidades y en camino hacia la
unidad, para que el mundo crea (Juan 17.21)’
1. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, un católico singular, veía la unidad de la fe y la esperanza
concretándose en la unidad operativa del amor solidario
2. Por lo tanto, para poder llegar a este resultado de unidad, se deben romper con los prejuicios que se tengan para con el hermano o la Iglesia y reconocer que para dar cumplimiento a la obra que Dios ha puesto en nuestras vidas, debemos trabajar juntos, reflejando al mundo una comunión que nos identifique como hijos de Dios.
2. Una Iglesia denunciante.
La iglesia no puede estar en silencio ante la injusticia de los hombres, pues como profetas de
la palabra, debemos de expresarla y condenar lo que está fuera de su ética y moral. Ya en el primer
punto mencionamos la vida de Ambrosio o de Basilio, que no callaron. Sin embargo, hoy en día
han habido otros basilios y ambrosios, entre ellos hablamos de Monseñor Romero, Salvadoreño, que en los críticos inicios de la guerra fue asesinado por un franco tirador, porque no cerró su boca en medio del silencio de muchos y el clamor de un pueblo que se caracterizaba por el sufrimiento.
Hoy en día, muchos hablan lo que antes no todos hablaban por miedo a morir como monseñor
Romero. Lo triste es que a pesar de los tiempos, los líderes religiosos, en lugar de asumir una actitud comprometida con la denuncia de la injusticia, se esconden en excusas ‘teológicas’ que nos son más que excusas de una agenda individual en un mundode problemas colectivos.
Con esto no estamos, tratando de cultivar una vida de rebeldía ante las autoridades. Sino, más
bien, que comprendamos la necesidad de no callar ante lo que no va acorde a la justicia, bondad, amor y compasión de Dios. Pues no podemos negar que la palabra de Dios, explícitamente, habla sobre la sujeción a los gobernantes (Rom. 13.1-5). Noobstante, no hay que confundir el sujetarnos y
obedecerlos como autoridades, a participar y hasta celebrar el mal manejo de sus ejercicio político.
Por lo tanto, es de mucha importancia, interpretar este pasaje a luz de su contexto inmediato y global, el cual sugiere que este gobierno, no es la realidad de todo gobierno en el mundo. Pues este gobierno mencionado en Romanos, tiene las siguientes cualidades:
1) No infunde temor al que hace lo bueno, sino al malo (v.3);
2) Es servidor de Dios para tu bien (v.4);
3) Castiga al que hace lo malo (v.4c).
¿Tendrá este modelo, un parecido a la dictadura de Hitler, a Francisco Franco de España y a otros
gobernantes? John Yoder, un teólogo y profesor en la universidad de Notre Dame, dice: ‘el Apóstol
Pablo está haciendo una declaración moral y no metafísica. Está hablando de la situación vigente
de los cristianos Romanos como representantes de los cristianos en todo el imperio, y no de la
naturaleza de toda realidad política, o prescribiendo un orden social ideal’3 , y añade que ‘…un gobierno dado no es ni encomendado, ni redimido, ni convertido en canal de la voluntad de Dios’4 . No obstante, sabemos que Dios tiene el control de todo, pero no se hace responsable del mal ejercicio político. Por consiguiente, estamos llamados a orientar, formar conciencia, corregir, instruir, denunciar el mal y proponer alternativas en justicia y libertad; pero sobre todo, a ser hombres de Dios, que no tengamos deudas con nadie más que con nuestro Señor.
3. Una Iglesia comprometida.
En este punto, pretendemos hablar de un compromiso con la obra de Dios expresada en su
palabra, la cual tiene como eje principal, la evangelización, sin ser divorciada de las realidades
de las personas. Pablo Deiros, hablando de la Iglesia, dice, ‘La nueva evangelización de nuestro
continente seguramente revalorizará el testimonio personal expresado en el propio lenguaje de la
experiencia diaria’5; por su parte, Samuel Escobar expresa -en un libro recopilado por René padilla en cuanto a la iglesia y la situación latinoamericana’ la perspectiva evangélica no puede consistir en un blanqueamiento ingenuo de la situación, que cierre los ojos a la situación’6. Ante una realidad
palpable, no podemos más que comprometernos con los valores de Dios y a la vez con las
necesidades de los demás. Alfredo Mora, un hombre comprometido con la necesidad de la niñez, dijo lo siguiente en un artículo ‘la sociedad postmoderna ha promulgado desde hace décadas un sistema de valores y paradigmas que son absolutamente contrarios a los valores y paradigmas del Reino de Dios…ante las permanentes señales de violencia, muerte y dolor que podemos contabilizar todos los días, las reacciones de las personas pueden ser al menos dos; de pasividad o de compromiso’7. De manera que no podemos, seguir viviendo, como cristianos individualistas, que nos preocupamos por nuestra realidad, sin ver las necesidades de los demás… Es inconcebible pensar que el mismo Jesús, al pasar por las ciudades no se compadeciera de los necesitados.
4. Una Iglesia esperanzadora.
Ante un mundo lleno de dolor, de tristeza, de miseria, de inseguridad, lo menos que la Iglesia
puede hacer es ser un agente de esperanza, pues la única esperanza vive en nuestros corazones:
Cristo Jesús. Pablo Deiros dice ‘nuestras comunidades (Iglesias) deben mostrarse como
comunidades alternativas para nuestra sociedad, en donde el amor, la paz y la justicia se
experimentan en verdad’8. Por lo tanto, no podemos menos, que encarnarnos con la realidad actual,
como agentes de esperanza y portadores del evangelio de Jesús. Bien lo dice, el Dr. Emilio
Núñez: ‘tiempo es ya de volver a escuchar lo que Dios dice sobre la responsabilidad social de su
pueblo redimido’9. La responsabilidad, mayor, es llevar el evangelio de salvación, el cual es más
urgente que lo demás, pero no excluye la responsabilidad de la Iglesia en la sociedad.