Entre esperanzas rotas y un futuro mejor.
Termina un año y un nuevo año comienza. El que termina ha sido un año duro para todas y todos los salvadoreños, que hemos padecido la crisis económica internacional combinada con nuestra propia crisis, en el marco de una realidad signada por la violencia, el empobrecimiento y las catástrofes naturales.
Muchos acontecimientos internacionales, en el ámbito social y político, han definido el año 2009 e
incidido en la nuestra realidad, para bien en algunos casos y para mal en otros… Pero siempre, estamos seguros, se han producido por la voluntad de Nuestro Señor Jesucristo y, por qué no decirlo, también por la falta de voluntad de muchos de los que rigen el destino de las naciones.
En el Tabernáculo de Avivamiento Internacional, pese a las turbulentas aguas que hemos tenido que cruzar, nos encontramos llenos de optimismo por el futuro; plenos de fe y de esperanza; firmes en nuestro presente y con la mirada y la voluntad puestas al servicio del Reino de Dios, a su construcción y su realización plena.
Recapitular en año, no es tarea para un espacio reducido, pero quiero dirigir mi reflexión de fin de año, a cuatro acontecimientos de importancia que han tocado la vida de los salvadoreños.
Cambio de Gobierno
La llegada al ejercicio del gobierno central de la izquierda salvadoreña, a través del FMLN y el Sr, Mauricio Funes, fue sin duda el acto de mayor valentía realizado por los compatriotas. Rechazando una negrísima campaña electoral, basada en el miedo y las mentiras, el pueblo salvadoreño decidió romper con el pasado y darse la oportunidad para buscar un nuevo camino hacia la sociedad que queremos y merecemos.
Los sectores tradicionalmente marginados de nuestra sociedad, decidieron, como bien se ha dicho, votar por el cambio y la esperanza; en manos de las nuevas autoridades está que esa esperanza no sea defraudada y que el año 2010 traiga señales serías de que el cambio que necesita nuestra nación está en marcha y que la esperanza de los más humildes de nuestra nación serán coronadas con actos concretos; que el slogan del actual gobierno (“Unir, crecer,incluir”) se convierta en algo más que un lema sin espíritu y de verdad gobierne para unirnos a los salvadoreños sin exclusión de ningún tipo, para que podamos crecer como nación y como individuos.
Golpe de Estado en Honduras
Este año se encargó de recordarnos que el pasado de oprobio vivido en Latinoamérica, no es tan pasado. Los golpes de estado, que creímos enterrados y para siempre silenciados en la profundidad de la noche histórica, no estaban sino agazapados, acechando, pendientes de la presa donde hincar sus dientes. Lo hincaron en Honduras y en el corazón de Centroamérica. El presidente legítimamente electo de esa nación, fue expulsado de su país y despojado de su derecho constitucional por los sectores económicos y políticos más poderosos del país hermano en vergonzoso contubernio con las Fuerzas Armadas.
Negociadores viajaron y nada consiguieron, hasta que, en un acto de malabarismo político, los Estados Unidos a través de su representante lograron “un acuerdo” a tono con su ya tradicional política internacional. En la búsqueda de legitimidad para un gobierno a todas luces inconstitucional, el gobierno estadounidense ha quedado mal parado ante el concierto internacional de naciones, que en su mayoría sigue sin reconocer al gobierno de facto.
El papel de la Organización de Estados Americanos, OEA, se ha visto marginada a un triste e insignificante papel, peligrosamente evidenciado la inoperancia de esa institución que antaño la llevo a su casi extinción.
Desastres
“Llover sobre mojado”, dice la sabiduría popular en referencia a los acontecimientos nefastos que se producen dentro de una situación ya de por sí negativa.
Es lo que vivimos los salvadoreños, cuando las inundaciones, deslaves y derrumbamientos causados por el fenómeno atmosférico Ida, cobraron la vida de decenas de salvadoreños y salvadoreñas, muchos de ellos niños y jóvenes, y dejaron en situación de damnificados a cientos de familias. Más allá de que esta lamentable situación tenga en su base la mala administración de los gobiernos pasados, sobre todo en lo que a políticas medioambientales se refiere, el desastre desnudó nuestras vulnerabilidades, y por ende marca un camino a seguir si deseamos terminar con las precarias condiciones a las que irresponsablemente hemos arrastrado nuestro suelo, nuestro aire, nuestra agua.
Sólo la atención de las necesidades de los sectores más vulnerables y las respuestas contundentes y verdaderas, no mediáticas, podrá evitar que desastres de tal magnitud se sigan dando.
Inauguración del Complejo Internacional TAI
Entre la esperanza y la desesperanza, los cristianos evangélicos hicimos posible y celebramos un acontecimiento de gran importancia para nuestra nación.En el pasado mes de noviembre inauguramos el Complejo Internacional TA I, concebido como una entidad viva que busca ser referente de un nuevo evangelio en El Salvador.
Porque más que un edificio, lo que hemos construido es un símbolo de lo que queremos para nuestro país: un hogar en paz donde la justicia y la igualdad sean un pan común y comunal. Al inaugurar el Complejo Internacional, el TAI, hemos dado un primer paso hacia el Reino de Dios; en común, con la solidaridad de todos, con la voluntad puesta en nuestra meta y con la confianza imperecedera en la inerrable Palabra de Nuestro Señor, en medio de la crisis que azota al mundo, los cristianos erigimos un templo desde el cual se irradiará la luz y la verdad, no sólo confesional sino con actos concretos de solidaridad con los más necesitados de nuestra patria.
Es nuestro fraterno gesto a todos los hermanos, creyentes o no, que padecen la realidad del mundo, pero no pierden la fe en lograr un cielo y una tierra nuevos. Muchas cosas, pues, quedan en el tintero (o en la computadora) del año que termina. Pero muchas cosas más están frente a nosotros, mucha esperanza, mucha confianza en que los hombres y las mujeres, criaturas de Dios, podemos construir el edificio histórico de la Patria, porque, como lo dijimos desde que iniciamos el sueño cumplido, “nada hay imposible para Dios”.