Carlos Rivas
Dios les bendiga.

Hemos construido un odre nuevo…

December 8th 2009 in Categorias

En la naturaleza del ser humano existe la volición por caminar hacia horizontes inéditos, que muchas veces presentimos en nuestros sueños… Al principio, apenas son como una bruma y un viento suave que estremece las hojas de nuestros pensamientos; luego, si tenemos fe - y nosotros la tenemos en abundancia- aquel viento, aquellos sueños se van trocando poco a poco en certeza, los compartimos, les damos forma, y emprendemos la casi siempre ardua labor por hacerlos realidad.

Debo de confesar que hoy, el regocijo y la satisfacción del deber cumplido me acompañan, porque el hecho que nos reúne en esta casa de todos es el arribo a la meta propuesta, el sueño conquistado con pasión, sacrificio, amor y esperanza; con locura divina y con actos concretos.

Inauguramos el nuevo templo, en medio de una realidad dura para nuestra nación, cuando alrededor nuestro miles de familias han quedado sin hogar. Azotados por la naturaleza y por el deterioro social y ecológico, al que irresponsablemente por un insaciable afán de lucro hemos sometido a nuestro país.

Todos, sin excepción, también vemos amenazada nuestra existencia por la grave situación de violencia que nos sumerge en un piélago oscuro y sin sentido, en una noche de cuchillos que se ensaña con la vida de nuestros jóvenes, y pone en peligro el futuro de la patria…. Esa misma violencia, perra de hielo para unos y partera de la historia para otros, pero siempre cruel y despiadada… ha cobrado hasta el 16 de noviembre, la vida de 3,812 salvadoreños y salvadoreñas de diversas edades.

Ciento setenta y ocho (178) de esas vidas cercenadas han sido de estudiantes, 178 esperanzas enterradas por la violencia y la sinrazón. Hermanos y hermanas, esta realidad sombría, podría ser en realidad motivo de desesperanza… Pero, el abrigo y acogimiento de este templo, nos hace reconocer nuestro esfuerzo y mirar hacia atrás y comprender ¡qué importante es la suma de esfuerzos y voluntades!, ¡qué grande la fuerza creativa de la solidaridad y el trabajo en común!, ¡qué hermosa y fructífera es la labor de los hombres y mujeres que se unen para construir! Y comprendo…, que todo en la mente de Dios está nítido y transparente… Y comprendo…, que cuando puso en nosotros la inquietud por este templo que hoy inauguramos, fue porque nos preparaba para emprender un sueño aún más grande y hermoso… Entonces, veo también hacia el frente, y ante mí, como aquella bruma tenue, aquel suave viento del que hablaba, empieza a dibujarse un nuevo horizonte, un nuevo sueño, un cielo y una tierra nuevos: la construcción de un nuevo amanecer para El Salvador. Sí… Un amanecer nuevo, para una tierra en donde, entre otras cosas, “no habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla”, según anunció el profeta Isaías. Hermanos, no hemos construido un edificio, una simple estructura de ladrillos para refugiarnos, singulares y ajenos de los males que aquejan a nuestra sociedad, ni una atalaya desde la cual, cómodos y protegidos, podamos ver cómo la patria se desangra y nuestros hijos son condenados a la muerte o a la miseria, que es otra forma de morir. Si nuestro templo, no fuera más que eso, una casa de recogimiento y evasión, sería también una burla a las miles de familias que sobreviven alrededor nuestro, agonizando aprisionados por la pobreza de un cinturón de indignidad que contradice la voluntad de Aquel que vino a traernos el Reino de los Cielos, anunciándolo como una realidad actual, una realidad que a diario debemos construir con obras. En esta ocasión, pues, más que un templo entregamos a la Nación un nuevo sueño, que tiene que ver con la construcción de un hombre también nuevo. Porque venimos de un pasado oscuro y triste y no podremos superarlo mientras sigamos viendo con los envejecidos ojos, de individuos así mismo envejecidos y anclados en el pasado.

No desperdiciemos el vino tierno de la nueva vida, en odres ya añejos… La renovación espiritual frente a los males del mundo, debe llevarnos a una nueva situación en la que la conciencia de nuestro pueblo evangélico, su iglesia o congregación, el contenido de nuestras predicaciones y nuestro crecimiento resulte de una reflexión teológica original y de las condiciones de nuestra situación social. Hemos construido un odre nuevo, hermanos y hermanas, un recipiente de esporas fértiles que fructifican en puesto de avanzada, para emprender una nueva y aún más gloriosa empresa, que impacte en la vida no sólo de los cristianos evangélicos sino en cada uno de los salvadoreños, sobre todo de los olvidados, de los condenados durante siglos a soportar la soberbia del poder y la riqueza, pese a que han sido ellos -los excluidos por los hombres y más amados por Dios-, los productores de esa riqueza usurpada.

Ante tal situación y en el marco propicio de esta inauguración, me pregunto: ¿Cuál es la iglesia que necesita nuestra nación? ¿Cuál es la iglesia que puede darle esperanza a nuestra patria?  ¿Cuál es la iglesia que puede ser poderosa y penetrante luz? ¿Con cuál iglesia soñó Jesús? ¿Qué iglesia abrigará este nuevo templo? Por supuesto, no queremos ser la nueva meretriz del poder político, vendida para satisfacer las demandas del mercado religioso y seducido por el culto al poder. Lo que queremos, cual nos indica la Palabra de Nuestro Señor Jesucristo, es construir un edificio que perviva por los tiempos, más sólido y más definitivo para nuestras vidas y nuestro país que el que inauguramos.

Queremos y estamos construyendo una Iglesia que unifique en nuestros corazones y refleje en nuestros actos cotidianos, dos vertientes tradicionalmente antagónicas en la historia del Cristianismo: La Unción del Espíritu Santo que se hace acompañar con señales, prodigios y milagros que abren los caminos de la sobrenaturalidad divina en la vida cotidiana del ser humano y la construcción de un pensamiento que a través de la reflexión sobre la realidad lleve al hombre a profundizar su fe, incidiendo en cualquier esfera de la vida nacional.
Hermanos, que el evento que nos reúne sea un paso, humilde pero firme y sin retroceso, en nuestra participación activa para construir un hombre y un mundo nuevo, la afirmación práctica de que Dios obra en nuestra voluntad y que la salvación es de Dios, y que ha sido realizada solamente por Dios para Su gloria…

¡Amén!


One comment to...
“Hemos construido un odre nuevo…”
Avatar
jose sanchzee sanchez

bendiciones a los hermanos del TAI y a su pastor por la vision de un futuro y presente para nuestras generaciones




required



required - won't be displayed


Your Comment:

Las declaraciones de Monseñor Escobar. El arzobispo en su laberinto.

Cuando en la década de los setenta Monseñor Romero se aprestaba a pronunciar su homilía dominical, el pueblo salvadoreño en su gran mayoría también se aprestaba a escuchar, en medio del desierto cruel de la represión, aquella vigorosa voz de esperanza que clamaba por los más humildes y necesitados de nuestros hermanos… Al siguiente día, [...]

Las declaraciones de Monseñor Escobar. El arzobispo en su laberinto.Previous Entry

Cosas que Jamás debemos olvidar

Importantes fueron todas las participaciones en la jornada de inauguración del Complejo Internacional TAI, realizada los días 25, 26 y 27 de noviembre en San  Bartolo, Ilopango. Entre esas participaciones, de mucha profundidad y esclarecedora lo fue la exposición del Dr. David Ramos, Pastor General de la Iglesia Betania, quien a partir de un acertado [...]

Cosas que Jamás debemos olvidarNext Entry

Blogroll