Carlos Rivas
Dios les bendiga.

Las declaraciones de Monseñor Escobar. El arzobispo en su laberinto.

September 18th 2009 in Varios

Cuando en la década de los setenta Monseñor Romero se aprestaba a pronunciar su homilía dominical, el pueblo salvadoreño en su gran mayoría también se aprestaba a escuchar, en medio del desierto cruel de la represión, aquella vigorosa voz de esperanza que clamaba por los más humildes y necesitados de nuestros hermanos… Al siguiente día, los muertos seguían apareciendo y desapareciendo los vivos, pero el pueblo salvadoreño reconocía las razones de su propia fe y de su esperanza en las palabras de aquel excepcional líder, que se convirtió en “la Voz de los sin voz”.

No fue así el pasado domingo, 13 de septiembre, cuando el actual Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Luis Escobar Alas, pronunció palabras desacertadas, que de ser atendidas por la clase política, pondrían en una situación de mayor vulnerabilidad a los sectores del país más empobrecidos y, sin lugar a dudas, afectaría la ya difícil situación económica y de inseguridad que padecemos todas y todos los salvadoreños.

Las poco felices declaraciones

“ARENA, el PDC y demás partidos tienen responsabilidad en esta enmienda; ellos la aprobaron por unanimidad juntamente con el FMLN, y si uno se niega a dar sus votos y los demás están convencidos del bien común pueden obligar negando sus votos a lo que la fracción oficial les pide, por ejemplo, préstamos y presupuesto”, fueron las declaraciones de Monseñor Escobar Alas, recogidas por lo medios de comunicación, con respecto a las reformas de los artículos 32, 33 y 34 de nuestra Constitución paraprohibir los matrimonios entre personas del mismo sexo y otras prestaciones sociales.

Lo desacertado de las mismas, es necesario dejarlo claro, no está en la condena de los dichos matrimonios, puesto que los cristianos evangélicos compartimos la palabra de Dios y consideramos que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. La homosexualidad, como el adulterio, no es grata a los ojos de Nuestro Señor Jesucristo.

El “desliz” de Monseñor es privilegiar el interés de una minoría ante las urgencias del bienestar común y hacer de una reivindicación religiosa una causa política, de connotaciones semejantes a lo que ha sido la mala práctica de la misma: el chantaje, la matemática legislativa, los intereses partidarios y económicos antes que los intereses de la nación.

El punto es el bienestar común

Con estas declaraciones, aún si no ha sido su intención, el jerarca católico ha hecho sonar tambores de guerra. Las “armas” propuestas por él para obligar al poder legislativo a aprobar las enmiendas en cuestión, más que una orientación pastoral, parece una estrategia para desestabilizar al gobierno al estilo de los “halcones” o los golpistas de todos los tiempos.

Porque el punto no es la problemática de los homosexuales; lo que está en juego es la estabilidad económica y social de El Salvador, la posibilidad de que el Gobierno Central disponga de los recursos necesarios para sacar a nuestro país de la grave situación que atraviesa y poder hacerle frente a los retos que la realidad nacional e internacional, signada por una profunda crisis económica y de valores, nos impone.

La no aprobación del presupuesto general de la nación y el bloqueo de los préstamos, fácil es advertirlo, sumiría al país en una situación de desastre total; empresarios, obreros, amas de casa, profesionales, agricultores, todos sin excepción tendríamos que enfrentar la eclosión de nuestra economía; y la esperanza por un mejor país y un mejor futuro que alienta los tiempos actuales se tornaría en desaliento, y los problemas de exclusión social, miseria, violencia e injusticia se agudizarían aún más. Incluso si los políticos en cuyas manos está la aprobación de los préstamos y el presupuesto, no cedieran ante las declaraciones de Monseñor Escobar, ya sería penosa la propuesta que entrañan sus palabras, pues un pastor debe velar por el bienestar de sus ovejas, alejándolos de los caminos del mal, enseñándoles la honestidad y el amor al prójimo, a la atención de las necesidades de los más humildes, de los excluidos y apartados, y en general a querer el bien común y la felicidad de todos.

Proponer medidas de chantaje al interior de la Asamblea Legislativa, no es más que proselitismo político y la inducción a perpetuar una práctica que en mucho ha contribuido a la falta de credibilidad que ese poder del estado ostenta deshonrosamente en la actualidad.

Respeto a los creyentes

No es de extrañar, pese a todo, esta posición del máximo jerarca de la iglesia católica salvadoreña, porque está a tono con las políticas eclesiásticas más conservadoras sostenidas a lo largo de la historia por la institución que representa; y que han sido factores claves para la conformación de una sociedad en la cual la doble moral y la hipocresía, la imagen y la máscara se anteponen a la verdad y la integridad.

Sin embargo, un verdadero pastor debería, por lo menos, respetar a sus ovejas. Y en lugar de alimentar a esa gran señora, la política, convertida en la nueva meretriz; tendría que atender al clamor de un pueblo que, independientemente de sus particulares preferencias sexuales, políticas o religiosas quiere construir para sí, para sus hijos y su patria un mejor porvenir, un cielo y una tierra nuevos.

Ese respeto pasa por que el empeño puesto en defender de manera equivocada, y hasta maquiavélica, una causa probablemente justa, sea un esfuerzo correctamente orientado a la exigencia porque todos los involucrados en la gestión del estado en conjunto con las fuerzas vivas de la nación, encontremos respuesta a los males que nos acechan y destruyen personal y socialmente.

La violencia, las extorsiones, la injusticia, la exclusión, la corrupción, la voracidad del sistema bancario, la delincuencia y el narcotráfico, la drogadicción, las violaciones, los embarazos precoces, la deserción escolar, el desempleo, la inmovilidad social, la falta de valores, el alejamiento de Dios, la enfermedad del sistema de salud, las muertes evitables, la sanidad espiritual, ética y humana… son razones auténticas y legítimas de la gran mayoría de salvadoreños, en cuya solución vale la pena poner nuestro mejor esfuerzo.

El laberinto de Monseñor

Cuando en aquella década de los setenta Monseñor Romero, pastor y profeta, alzaba su voz, lo hacía en medio de un laberinto de injusticia, represión y muerte del que él, como auténtico guía de su pueblo, quería sacar al país. Su voz era faro en la oscuridad.

Ahora, al contrario, las declaraciones de Monseñor Escobar Alas, cuando deberían ser de esperanza y motivación para que todas y todos los salvadoreños pongamos lo mejor de cada uno en la construcción de una nueva nación, develan que se encuentra perdido en el laberinto de los intereses de una minoría privilegiada, la ingenuidad de otros y la más recalcitrante ideología política.




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