Carlos Rivas
Dios les bendiga.

Una Propuesta para el Cambio o el Silencio

August 21st 2009 in Varios

Los últimos dos gobiernos de ARENA, según algunos analistas políticos y sociales, fueron definidos, por las personas que se declaran cristianos, protestantes, creyentes o simplemente, evangélicos. Es decir los que creen en Jesucristo, pero, que no van misas, sino a cultos de cualquier denominación, a sus líderes les llaman pastores y entre ellos se saludan diciéndose “Dios le bendiga, hermano”. Estos mismos sectores, siguiendo esas opiniones, son los que en las últimas elecciones presidenciales se decantaron por la izquierda y dieron el triunfo al actual Presidente y entonces candidato del FMLN
Mauricio Funes.

Siendo candidato, con un programa coherente y un reconocimiento explícito a la importancia de las iglesias de las diferentes denominaciones, en sus planteamientos reconoció que son estas instituciones protagonistas esenciales para dotar a la Nación de un sustento moral y ético que permita superar los “graves y endémicos problemas” que padece la sociedad salvadoreña.

Sectores evangélicos, identificados con las necesidades de los más pobres y pequeños hijos de Dios, asumimos esos planteamientos como un reto y una esperanza para coadyuvar al desarrollo social, cultural y moral de nuestro país, mediante una práctica sostenida y estructurada que facilite al gobierno una vía de comunicación con las instituciones evangélicas, y un instrumento que viabilice, organice y desarrolle diversas acciones para enfrentar el deterioro moral de nuestra sociedad. Con ese fin, un grupo de pastores y líderes cristianos hicimos llegar hace ya algunos meses, nuestra propuesta para la creación de lo que denominamos la Secretaría Nacional para Asuntos de la Fe, SENAFE, que tendría como misión desarrollar un trabajo conjunto entre el Gobierno y la Iglesia Evangélica en pro del rescate moral y espiritual de la sociedad, y el fortalecimiento de las Iglesias como agentes de cambio.

Esto a través de la producción y administración de programas integrales, conjuntos entre el Gobierno y las Iglesias Evangélicas del país, que logren minimizar los diversos males que aquejan a nuestra sociedad salvadoreña.

El documento, presentado en los primeros días de la toma de posesión de Mauricio Funes
Cartagena como presidente constitucional del país, pretende ser un documento base sobre el cual se aborde este importantísimo tema, que los cristianos evangélicos consideramos vital para lograr los cambios que nuestro país necesita y la población salvadoreña demanda, sin distingos de credos religiosos ni políticos.

El mismo expresa que en la dramática realidad que vive el pueblo salvadoreño, la ausencia de políticas dirigidas a inculcar valores éticos y espirituales, beneficiando al contrario el consumismo y el egoísmo, ha vuelto más importante el “tener” que el “Ser”, y ha propiciado el desarrollo de las pandillas, la descomposición familiar, la pandemia del VIHSIDA, el aumento de embarazos precoces, violaciones, drogadicción, abortos, etc.

A la vez añadimos que, relacionada a esa ausencia de políticas propiciada por los gobiernos anteriores, las Iglesias Evangélicas, hemos sido marginadas, y cuando se ha presentado algún tipo de acercamiento, ha sido con intereses partidarios, sin una visión honesta de la realidad ni de los planes de nación.

El que las Iglesias puedan desempeñar activamente y de manera directa el protagonismo que el Cambio demanda, consideramos en la propuesta presentada, necesita de un organismo estatal de asesoramiento al Gobierno Central en campos específicos relacionados con las Iglesias y Organizaciones Religiosas, que sea además ejecutivo de las medidas y soluciones en el área particular; de la gestión, coordinación e impulso de planes y proyectos que involucren a las entidades religiosas del país.

Sin embargo, lo que más destacamos es una profunda confianza en los nuevos tiempos y en la nueva forma de administrar el gobierno por parte de las nuevas autoridades; literalmente, al referirnos a la propuesta para crear una Secretaria para Asuntos de la Fe, con la participación protagónica de la Iglesia Cristiana Evangélica consideramos que dicha posibilidad era “un acontecimiento inédito y esperanzador”.

Los cristianos evangélicos, nos caracterizamos por nuestra perseverancia en la fe y nuestra insobornable esperanza, nuestra confianza en los hombres –que no son más que criaturas del Dios Vivo–; mas, sabemos también leer los signos de los tiempos y los mensajes que los hechos revelan. Y, hasta el momento, no hemos recibido respuesta al esfuerzo hecho, pese a que por las vías correspondientes solicitamos recientemente una reunión, a fin de obtenerla. Una respuesta y no silencio. Una respuesta a la altura de lo que nuestra Nación espera de sus líderes y estadistas, puesto que no es protagonismo el que perseguimos, sino la posibilidad de que los cristianos evangélicos que hoy constituyen el 35% de la población salvadoreña, es decir, 1 millón 800 mil almas entre hombres, mujeres y jóvenes con capacidad de ejercer el derecho al sufragio universal, dejen de ser las víctimas de los “zorros” de la política diestros en el arte de la demagogia y el marketing proselitista, y se conviertan, desde su propia visión del ser cristianos en verdaderos constructores de su destino, cuya suma es el destino de la Nación.

Con esa convicción es que al solicitar al Presidente de El Salvador, la reunión a la que hicimos mención, con todo el respeto que su alta investidura nos merece, hemos querido promover al más corto plazo la ocasión para tratar el tema de manera franca y honesta, tal cual él se ha mostrado en diversos momentos de la historia nacional y en su quehacer personal.




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