Carlos Rivas
Dios les bendiga.

El periodismo, ¿para los partidos o para la patria?

July 30th 2009 in Varios

Una herencia de 185 años es el bagaje al que los periodistas salvadoreños actuales deben responder con su labor informativa, orientadora y educativa, en un espacio singular de nuestra historia.

Desde aquel primer periódico de El Salvador publicado por primera vez en 1824 (El Semanario Político Mercantil), hasta nuestros días, los periodistas han tenido que transitar arduos caminos, que muchas veces terminaron en la muerte o el destierro en tiempos del autoritarismo militar alentado por los sectores económicamente poderosos, o la censura y la autocensura en el presente.

Sin embargo, esos momentos de nuestra historia nacional no han sido impedimento para que desde su labor, los trabajadores de la información contribuyan, hoy como ayer, a perfilar la imagen de nuestra nación y a fijarla en la memoria de la ciudadanía… Al contrario, son esos momentos los que determinan en gran medida lo que es nuestro periodismo y marcan el quehacer de los informadores.

El hecho que dicha labor esté ahora ante nuevas características de la realidad salvadoreña, signada por el hecho histórico e inédito de una transición en el ejercicio del poder ejecutivo hacia los sectores de izquierda, hacen de este 31 de julio, Día del Periodista Salvadoreño, una fecha propicia para reflexionar sobre el tema.

En el Tabernáculo de Avivamiento Internacional, TAI, tenemos la convicción de que la acción y participación mediática es de vital importancia, no sólo para propiciar el desarrollo y constante crecimiento de la institución, sino también para coadyuvar a la construcción de un mejor país, con ciudadanos mejor informados, con criterios para valorar objetivamente la realidad en la que estamos inmersos, para caminar con la poderosa Palabra de Nuestro Señor Jesucristo como luz y faro hacia el Reino de los Cielos.

Esta visión, lógicamente tiene que ver de manera directa con el trabajo de los periodistas, pero muchas veces se ha visto distorsionada y hasta refutada en la práctica, debido al alto grado de politización del hecho y los procesos informativos que parece identificar al periodismo salvadoreño y a las comunicaciones en general.

De acuerdo a algunos comunicadores, el 60% de la información que presentan los diversos medios de comunicación, se origina en los partidos políticos y, lo que es casi igual, en las instituciones gubernamentales. De esta forma se discrimina a favor de los (criterios) políticos una labor social que debería favorecer a los grandes afectados –para bien o para mal– por los problemas que aquejan a la población salvadoreña.

Temas como el de la pobreza, la delincuencia y el crimen organizado, la marginación de la mujer, el medio ambiente, la creciente inmigración, entre muchos otros, sólo aparentemente constituyen el centro de atención de los medios de comunicación, pues en la gran mayoría de casos, cuando se abordan se hace desde la perspectiva de las personalidades políticas y los funcionarios del Estado; es decir que en estos casos la fuente principal siguen siendo los actores políticos y no los verdaderos sujetos de la democracia: los ciudadanos libres con sus propias carencias y aspiraciones. Se obvia con esta actuación el interés real de los receptores de la labor periodística y su necesidad de contar con una perspectiva amplia y plural de la realidad, que le permita analizarla en su totalidad y actuar en ella para transformarla (o, para mantenerla si es el interés de las mayorías).

Los intereses económicos e ideológicos de los propietarios de los medios de comunicación nacionales, tienen mucho que ver en la dirección de la labor de nuestros informadores. Es proverbial que cuando un periodista novato ingresa al mundo laboral, con dificultad y codazos muchas veces, de antemano se “prepara sicológicamente” para que su pensamiento no interfiera en las “políticas” del medio contratante. Es paradójico, pero en ese momento quienes a través de la historia han sido nombrados “paladines de la libertad”, se vuelven los más vulnerables prisioneros de la (auto)censura y de las necesidades pecuniarias;

acaso con razón, pero sin vocación. Vocación. Esta es una palabra y una actitud clave para el buen desempeño de la función periodística; una firme vocación que vaya más allá de la imagen y el esnobismo que apenas producen un hecho comunicacional light, vacio y nada orientador.

Otro factor clave es la independencia de la prensa. Ya se ha dicho: la democracia sólo es posible si existe una prensa independiente. De los partidos políticos, de las iglesias, del gobierno y hasta de los empresarios. El periodista sólo debería estar atado a la verdad. El receptor de su labor es eso lo que quiere. Y no hablo de presentar una verdad aséptica, impersonal y gris, puesto que el periodista, más aún los mejores de ellos, con

honestidad pueden también profundizar y explicar los hechos noticiosos, salvando los obstáculos que la politización y los intereses personales y económicos ponen a su paso mediante un ejercicio honesto de su oficio.

Hacia un periodismo nuevo vamos, esa es nuestra fe. Y con tal convicción felicitamos a los periodistas en su día, que mucho hacen y aún más tienen que hacer para dignificar su profesión y ser portadores de un nuevo evangelio, que es, para decirlo en términos gratos al periodismo, la práctica de informar sobre las buenas nuevas.




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